Comité Editorial GNP

El sobrepeso y la obesidad en la edad pediátrica constituyen una condición creciente que a la vez, se asocia con un incremento en el riesgo de múltiples problemas de salud. Por tal motivo, la prevención desde la primera infancia es una necesidad sentida.

En Colombia, al igual que en la mayoría de los países latinos, conviven la desnutrición global (DNT) que es del 7% en los menores de 4 años edad y en el 5,4% el grupo de 5 a 9 años edad (Según los datos ENSIN 2005), y datos más recientes del 2010, muestran que ha disminuido a 3.4% en los menores de 5 años… Y al tiempo, se empondera progresivamente el sobrepeso en 3,1% de los menores de 4 años edad, 4,3% de los de 5 a 9 años de edad, y 10,3%, prepúberes y jóvenes de 10 – 17 años (Datos ENSIN 2005).

Se han descrito varios factores predisponentes para el desarrollo de esta entidad, pero en términos alimentarios podrían mencionarse: hábitos de alimentación incorrectos, escasa disponibilidad de alimentos especialmente ricos en vitaminas, minerales, fibra (como vegetales y frutas), que a la vez, los hace más susceptibles a consumir alimentos altamente energéticos, tamaño de las porciones, predominio de comidas por fuera de la casa, abundante consumo de bebidas endulzadas como jugos, aguapanela, gaseosas, entre otras. Y a ello se suma la falta de actividad física habitual, constituyendo estilos de vida poco saludables.

El ser humano requiere de una alimentación balanceada, lo cual implica que deben incluirse alimentos de varios grupos (lácteos, carnes, vegetales, frutas, leguminosas, cereales, grasas, agua), que colaboran con la cobertura de nutrientes como carbohidratos, proteínas, grasas, fibra, vitaminas y minerales,  ya que cada uno de ellos desempeña una función fundamental dentro del organismo.

 “Comer bien no significa comer mucho, sino comer en cantidad y calidad necesarias para cubrir los requerimientos.

En los primeros meses de vida, la alimentación balanceada implica un único alimento: la leche materna, cuyo único sustituto aceptable cuando no se pueda lactar, son las fórmulas infantiles. Luego, a partir de los 6 meses de edad, deben incorporarse progresivamente otros alimentos hasta alcanzar lo que se denomina la “alimentación modificada del adulto”.

La alimentación complementaria, es fundamental para:

1. Cubrir nutrientes que empiezan a ser deficientes con la alimentación láctea
2. Progresar en términos de variedad de alimentos y texturas
3. Promover la formación de hábitos de alimentación saludables

Los hábitos de alimentación implementados desde el primer año de vida, perdurarán a través del tiempo con el fin de “construir” seres humanos más saludables, menos susceptibles a enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes mellitus 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, o síndrome metabólico, hepatopatía grasa no alcohólica (hígado graso), litiasis biliar (cálculos en la vesícula), alteraciones esqueléticas (artrosis de rodilla, cadera y columna lumbar), afectación de la función pulmonar (apnea del sueño), síndrome de ovario poliquístico y tromboflebitis, entre otras.

Por tanto, en términos de prevención de obesidad y de promoción de un estilo de vida saludable, es importante:

Establecer y respetar con horarios de alimentación: 3 comidas principales y 1- 2 refrigerios.
Brindar porciones acorde con la edad del niño, sin pretender que consuma el tamaño que consume un adulto

Promover el autoconsumo
Respetar la saciedad del bebé
Limitar el consumo de alimentos altamente calóricos y/o con alto contenido de azúcar o grasa, pero con baja densidad de nutrientes (vitaminas, minerales, fibra): galletas, dulces, bombones, chicles, paquetes, leche condensada, tortas, postrecitos, hamburguesas, salchichas y otras carnes frías, etc.
Priorizar alimentos con alta densidad de nutrientes y fibra y baja densidad calórica como: vegetales, frutas y leguminosas
Incluir cereales integrales o con fibra añadida
Incluir agua, como bebida esencial
Evitar las preparaciones fritas

Además, es recomendable que en el plato se incluyan alimentos variados, siendo un mito la restricción extrema de carbohidratos y harinas. Los carbohidratos deben cubrir aproximadamente entre el 45 y 65% del valor energético total consumido.

Por otro lado, deben incluirse grasas saludables, de origen vegetal (omega 3, omega 6 y omega 9) y marino (omega 3), en porciones acorde con la edad, con la misión de apoyar el crecimiento saludable y la respuesta inmune.

Por último y sin lugar a dudas, otro pilar básico es la actividad física. La Academia Americana de Pediatría recomienda 1 hora diaria de actividad física, así como la restricción de actividades sedentarias tales como mirar TV. Idealmente, según la Academia, los menores de 2 años no deberían mirar TV y los niños mayores de 2 años deberían limitar ese tipo de actividades a un máximo de 2 horas al día.

La Fibrosis Quística (FQ) afecta el tracto gastrointestinal, respiratorio, glándulas sudoríparas y aparato reproductor. Además, las manifestaciones clínicas son variadas y variables de acuerdo a la edad del diagnóstico.
 
Como antecedente es fundamental indagar respecto a la historia familiar, si ha habido nacidos fallecidos o niños vivos con características similares a las que se describirán a continuación. Acorde a la edad, las manifestaciones clínicas más típicas que pueden sugerir el diagnóstico y que requieren la solicitud de iontoforesis son:
 
1. Niños menores de 24 meses:
 
Recién nacido con antecedente de Ileo meconial, ictericia obstructiva, deshidratación sin causa aparente, hiponatremia, hipoproteinemia, anemia, diátesis hemorrágica, desnutrición, esteatorrea, neumopatía crónica y prolapso rectal.
 
2. Niños de 24 meses hasta 12 años: neumopatía crónica, tos persistente, dificultad respiratoria, deshidratación hipotónica, alcalosis metabólica, diarrea crónica, malabsorción, reflujo gastroesofágico, pólipos nasales, invaginación, vólvulos, enfermedad hepática de causa desconocida, hipocratismo digital, enlentecimiento del crecimiento, talla baja. desnutrición, y empuje puberal tardío.
 
3. Niños mayores de 12 años: neumopatía crónica, hallazgo de Pseudomona aeruginosa en el esputo, bronquiectasias, hipocratismo digital, hipertensión pulmonar, intolerancia a la glucosa, diabetes, diarrea crónica, obstrucción intestinal distal, pancreatitis recurrente, hepatomegalia, cirrosis biliar primaria, colelitiasis, aspermia, infertilidad, desnutrición, bajo peso, talla baja y retardo del empuje puberal.
 
Un gran porcentaje (48%) de los niños y niñas atendidos en GASTRONUTRIPED iniciaron su enfermedad de Fibrosis Quística con síntomas del sistema digestivo en sus primeros 2 años de vida. El pronóstico y la sobrevida de los pacientes están relacionados con el diagnóstico temprano, el tratamiento oportuno y específico implementado por grupos con experiencia en Fibrosis Quística y el cumplimiento del tratamiento por parte del paciente y la familia.
 
 La Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (GASTRONUTRIPED) cuenta con el recurso humano y la experiencia clínica nacional e internacional para orientar a los padres de familia que tienen hijos con sospecha de esta enfermedad y ofrecerles el tratamiento gastroenterológico y nutricional con los últimos avances.
 
 El diagnóstico definitivo se efectúa mediante la determinación de electrolitos en sudor (iontoforesis) que debe realizar una persona con entrenamiento en esta técnica.
 
Para mayor información comuníquese con GASTRONUTRIPED (Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) con la Trabajadora Social Martha Yolanda Tamayo al teléfono 6123895 o al celular 315-2392542.