Consejos de salud y nutrición

La fibra es el residuo, bagazo o parte de la estructura de cereales, leguminosas, frutas y vegetales, que no digiere ninguna enzima del tubo digestivo del ser humano, aunque pueden digerirlas parcialmente enzimas de bacterias benignas de la flora intestinal normal del intestino grueso (colon)... Para ver el texto completo haga click aquí

Participación de la Dra. Silvana Dadán y Dr. Wilson Daza

Información publicada en http://www.abcdelbebe.com

Violeta Ávila, vicepresidente de la Sociedad de Pediatría de Manabí y Coordinadora de las jornadas, señalo que el tema de desnutrición y sobrepeso en el Ecuador va en aumento en niños menores de 11 años.

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Comité Editorial GNP

1. ¿Cuáles son los mitos y las verdades alrededor de los jugos naturales?
 
Mitos:
Que son saludables,
Que son fuente de vitaminas, minerales y fibra
Que son una forma de hidratar – alimentar al niño
Que es un medio para que el niño “coma-tome” fruta!

1. ¿Qué aportan los dulces para la salud de los niños?
Los dulces incluyen básicamente las fuentes más simples que son los “endulzantes”: azúcar (blanca o morena), miel, panela, fructuosa, glucosa, sorbitol que a su vez, se adicionan a bebidas como jugos o gaseosas u otras preparaciones como postres o que se usan para elaborar golosinas, tortas, galletas, entre otras.
 
Estos “dulces”, ingredientes-base de las golosinas, aportan simplemente energía (calorías), con base en carbohidratos (azúcares), sin aportar proteínas, ni vitaminas, ni minerales. Es decir, tienen muy bajo valor nutricional.

1. ¿Qué es la fibra?
La fibra es el residuo, bagazo o parte de la estructura de cereales, leguminosas, frutas y vegetales, que no puede ser digerida por ninguna enzima del tubo digestivo del ser humano, aunque pueden digerirlas, parcialmente, enzimas de bacterias benignas de la flora intestinal normal del intestino grueso (colon).

2. ¿Por qué es importante el consumo de fibra para el ser humano, en especial para los niños?
Algunas razones que justifican la inclusión de la fibra son,
-Generar hábitos de alimentación saludable, incorporando alimentos-fuente de fibra, que además, contienen otros nutrientes importantes como vitaminas y minerales, antioxidantes.
-Mantener un buen ritmo evacuatorio intestinal (evitar trastornos como estreñimiento, colon irritable, diverticulosis (divertículos en el intestino), entre otros.
-Coadyuvar con el mantenimiento o conformación de una flora intestinal saludable, la cual tiene varios impactos positivos tales como modular las defensas, promover la integridad de la mucosa intestinal.
- Modular o moderar el peso, especialmente en cuanto a composición corporal, minimizando el componente graso (tejido adiposo) del niño.
-Modular/moderar los niveles de glucosa sanguínea (glicemia-azúcar en la sangre), muy útil en pacientes con susceptibilidad a diabetes o intolerancia a la glucosa.
-Moderar o modular los niveles de lípidos en sangre: colesterol-triglicéridos.

3. ¿En qué alimentos se puede encontrar la fibra?
-Alimentos naturalmente ricos en fibra: cereales integrales o enteros (los que conservan su “cáscara” o bagazo) como arroz integral, harinas integrales y productos elaborados con ellas tales como panes, galletas, pastas integrales, leguminosas (lentejas, garbanzos, arvejas, frijoles, habas), frutas, vegetales, granola, müesli, avena.
 
-Alimentos con “agregado” de fibra (aquellos que “naturalmente” no son fuente de fibra pero que mediante procesos industriales, se les adiciona fibra): fórmulas infantiles con prebióticos, cereales para niños con prebióticos, yogures con prebióticos y/o frutas, cereales, avena, leches, kumis adicionados con “prebióticos” (fibra extraida de alimentos-fuente natural de la misma, que se añade a alimentos que originalmente no la tienen).
 
4. Según la Encuesta de la Situación Nutricional -ENSIN- del 2005;  sólo el 6.1% de la población colombiana no está en riesgo de déficit en el consumo de fibra, lo cual explica en parte, el ascenso de una patología como el estreñimiento. ¿Qué repercusiones tiene esta enfermedad para la salud de los niños?
El estreñimiento per se, es una alteración en el ritmo evacuatorio, en las características de las deposiciones, con heces especialmente duras, grandes, secas. Este tipo de deposiciones y la retención de las heces pueden determinar: dolor abdominal permanente y recurrente, Fisuras anales, Hemorroides, Divertículos, Falta de apetito, vómitos, náuseas, entre otras. Además, el estreñimiento puede tener repercusiones psicológicas, porque el niño se siente rechazado o lo discriminan porque puede oler a po-po, el niño termina autoaislándose porque se siente rechazado o desplazado por pares, familia, padres, en el colegio.

5. ¿Cómo se manifiesta esta enfermedad?
-Maniobras retentivas para evitar hacer po-po (el niño salta, cruza las piernas, aprieta glúteos para evitar que salga el popó)
-El niño no hace popo a diario
-El niño hace hace po-pó a diario (lo que despista a los papás) pero las deposiciones son duras, grandes, dolorosas e incluso pueden dañar el “ano”, tapan el inodoro.
- El niño tiene saciedad precoz, sensación de “estómago lleno” casi a toda hora, especialmente en la mañana, tiene poco apetito, barriga distendida (“hinchada”), muchos gases (flatulencia) e incluso, en algunas ocasiones los papás pueden encontrar los interiores “sucios o manchados” con popó o rastros del mismo y pensar que el niño no se limpió bien.
 
6. ¿Cómo pueden saber los padres que sus hijos presentan un bajo consumo de fibra?
Es fácil “evaluar” si nuestros hijos consumen o no suficiente fibra porque si su alimentación no incluye: frutas enteras o en ensalada y/o salpicón (al menos 2-3 porciones/día), vegetales, crudos y cocidos en almuerzo y en comida, leguminosas (lentejas, arvejas, garbanzos, frijoles) 2-3 veces por semana, arroz integral, granola, avena en hojuelas, entre otros, esta es la bandera roja por excelencia que nos indica dicha carencia.
 
7. ¿Qué es la fibra añadida?
Es la fibra que se adiciona o agrega a alimentos que naturalmente no contienen fibra o que la contienen en baja proporción. En general, se les agrega “prebióticos”, fibra que se extrae de alimentos naturales como cebolla, achicoria, plátano, banano, entre otras.
Algunos ejemplos de alimentos con fibra “añadida” son: yogures, leche, fórmulas infantiles, cereales infantiles modificados, kumis.
 
Ciertas entidades dedicadas a dar directrices en nutrición y salud infantil, han estipulado que estos alimentos con fibra añadida pueden considerarse como una alternativa para colaborar con la cobertura de los requerimientos de fibra, acorde con las evidencias que muestran que los niños incluyen pocos alimentos naturales ricos en fibra y la dificultad que significa cubrir esos requerimientos (caso del que Colombia no escapa).
 
8. Si el menor consume más fibra de la necesaria ¿puede ser contraproducente?
-En menores de 1 año, ha sido difícil establecer recomendaciones “inocuas” de ingesta diaria de fibra dado que no está bien documentado qué puede acontecer con dosis que superen ciertos límites. Por ejemplo, se ha observado que en familias vegetarianas, los niños menores de 1 año con alto consumo de fibra pueden tener deficiencias de vitaminas y minerales, particularmente zinc, calcio, hierro, entre otras. Lo anterior, repercute negativamente, por ejemplo, en el crecimiento del niño.
 
-Por otro lado, en niños con bajo consumo de fibra, el aumento abrupto de fibra en su alimentación determina malestares tales como distensión, flatulencia, saciedad precoz, que origina falta de adherencia a los nuevos lineamientos alimentarios. Por ello, el aumento de fibra en la dieta de un niño que no come ese tipo de alimentos, debe ser progresivo.
 
9. Agua y ejercicio, como parte de un plan de vida saludable.
Cabe señalar que una dieta rica en fibra, sin abundante agua, puede agravar el estreñimiento. La fibra es un bagazo que “atrae” agua y por tanto, deshidrata las paredes intestinales y puede hacer más grande y dura la deposición si no se acompaña de suficiente agua. La presencia de agua y una alimentación rica en fibra, hace la deposición más blanda y suave y por ende, una deposición que pasa más fácilmente por el intestino.

Además, la actividad física (caminar, saltar, lazo, cicla) y la práctica de deportes mejoran los movimientos del intestino y con ello, mejora o se evita el estreñimiento.

1. ¿Qué es el cólico del lactante?, ¿Es igual a un dolor de estómago común o en qué se diferencia?
 
Es una manifestación de un trastorno gastrointestinal funcional (“funcional” implica que no existe una enfermedad como tal) que se presenta UNICAMENTE en bebés menores de 4 meses de edad, que se caracteriza por un llanto súbito por más de 3 horas al día (sumando todo el tiempo en que llora el bebé durante el día y la noche), acompañado de irritabilidad, sudoración, distensión abdominal, manos empuñadas, piernas flexionadas sobre el abdomen, cara enrojecida, flatulencia excesiva (gases por la cola en forma explosiva) y eructos. Todos estos síntomas deben presentarse durante 3 horas al día (que no necesitan ser continuas), 3 veces a la semana, durante 3 semanas y el Dr. Daza agrega: “que además, han visitado 3 médicos” (porque las mamás están desesperadas, buscan ayuda y dado que ningún médico logra que la situación se resuelva complemente, vuelven y consultan a otro médico, y así pasan de médico en médico).
 
2. ¿Cuándo el llanto de un bebé puede sugerirnos “cólico”?
Los síntomas descritos en la pregunta anterior, generalmente aparecen al finalizar la tarde o al anochecer (vespertinos), el llanto es inconsolable, el bebé no está mojado, está limpio, no es hora de comer, no responde cuando se lo “desabriga” (pensando que puede molestarlo el calor), no responde al abrigo (pensando que siente frío), no tiene sueño, no se calma con el seno materno ni con el chupo y, fundamentalmente, su crecimiento generalmente es normal.
 
3. ¿A qué edad suele aparecer y cuál es el pronóstico en la duración?
Suele aparecer en los primeros cuatro (4) meses de edad, con un pico máximo a las 6 semanas de vida. Y, precisamente, pasados los primeros cuatro meses de edad, “cesa”-resuelve.
 
4. ¿Cuáles son los probables agentes causales del cólico?
Cuando se habla de cólico del lactante está implícito que NO EXISTE causa alguna que lo explique. De ahí la dificultad para “resolverlo” o coadyuvar en su resolución.
Se han propuesto algunas teorías pero ninguna responde completamente ya que la implementación de soluciones para esas causas “probables” no resuelve el problema en TODOS los bebés afectados.  Por ejemplo, una de ellas plantea que el niño podría ser “intolerante a la lactosa” (el principal azúcar de la leche materna), pero cuando se intenta suprimir la lactosa a bebés con cólico, no acontece una mejoría significativa.

También se ha postulado que los gases generados en el intestino serían la explicación perfecta. Sin embargo, el hecho de usar medicamentos para disminuir los gases en los bebés no ha tenido éxito en la solución del cólico.

Asimismo, se ha propuesto que podría derivarse de una “alergia a las proteínas de leche de vaca”, pero no todos se mejoran con el cambio en la alimentación (restricción de esas proteínas).
También, se ha propuesto como causa probable al reflujo gastroesofágico, pero no todos los niños responden ante el manejo del reflujo.

Igualmente, se postula que existe alteración de sustancias relacionadas con la motilidad del intestino y alteraciones en la flora intestinal de los bebés. De otro lado, se ha planteado que el tabaquismo y la sobre-estimulación también podría influir sobre la sensibilidad al dolor en los bebés, es decir, los bebés se tornarían más sensibles, sin embargo, no se han comprobado totalmente.

En síntesis, muchas son las teorías pero no se conoce aún la explicación concreta y tratable del cólico.
 
5. ¿Puede aparecer como consecuencia del estrés de los padres?, ¿Qué tanto influye la actitud de los padres para agravar el problema?

Además de las teorías enumeradas, existe aquella que plantea factores psicológicos intervinientes que provocan el cólico. Esta teoría explicaría por qué se presenta con mayor frecuencia en los primogénitos. La inexperiencia genera ansiedad en los padres y los hace sentir inseguros e incapaces para satisfacer las necesidades y los cuidados de su hijo. En términos concretos, esta situación podría entorpecer la relación padres e hijo, ya que habría un “desajuste o disbalance” entre el comportamiento del bebé, las expectativas de los padres y el sentirse incapaz de complacer al bebé. Lo anterior, resulta complicado de comprobar.

6. ¿Qué consejos podrían ayudar a un padre para abordar a su bebé con este problema?

Es importante, como parte “empírica” para minimizar la situación, el establecimiento de rutinas: quitarle la ropa, dar masajes en al abdomen en sentidos de las manecillas del reloj, colocar música que los calme a ellos como padres y al bebé, atenuar la luz del cuarto, hablar más bajo, sacarlo a pasear en el carro, al llegar del paseo, ofrecerle un baño, luego, que lo alimenten. Sin embargo, cabe aclarar que estas rutinas funcionan en algunos bebés, no en todos...

Por otro lado, es fundamental que el papá se involucre y ayude a consentir al bebé, de manera tal que la mamá pueda descansar. Asimismo, la mamá debe tener algún espacio libre, salir, ocuparse en algo diferente, para su propio bienestar y autocuidado (mandarse a arreglar el cabello, tomar un café con una amiga, etc); durante ese tiempo la idea es que “otra persona” se encargue del bebé. De esa manera, la mamá se “libera” momentáneamente del llanto del bebé.

Están completamente proscritas las agüitas aromáticas o medicinales, incluso, algunas de ellas son tóxicas para el hígado y otras pueden producir convulsiones. Además, todo lo que se ofrezca al niño, más allá de leche materna y/o fórmula infantil antes de los 6 meses de edad, se considera un “alimento complementario”. Y el comienzo precoz (previo a los 4-6 meses) de la alimentación complementaria, interfiere entre otras, con el desarrollo natural del intestino y podría, además, empeorar el cuadro clínico.

Tampoco es conveniente dar medicamentos para los gases a base de simeticona, porque se ha visto que no son efectivos.

 
7. ¿Qué otras estrategias podrían ponerse en práctica?

Algunos estudios clínicos han sugerido que la administración de probióticos como el lactobacillus reuterii, probiótico disponible en Colombia como tal o como parte de una fórmula infantil con otras modificaciones, podría ayudar a mejorar el balance de la flora intestinal. Lo anterior, dado que en el intestino, normalmente, hay bacterias y algunas de ellas son protectoras (lactobacilos y bifidobacterias) y otras, son patógenas (“perjudiciales”). Existe un equilibrio entre estos dos bandos pero en algunas circunstancias se disminuyen las protectoras. Las protectoras, lactobacilos y bifidobacterias, se disminuyen especialmente en casos de diarrea (infecciones), mala higiene (lavado de manos, lavado de utensilios de la alimentación del bebé, en niños que nacen por cesárea, niños que no reciben lactancia materna, niños desnutridos, entre otros). Y, esta disminución de las bacterias protectoras, podría ser parte de la explicación de los mecanismos involucrados en el origen del cólico.

Se ha visto, que la mejoria deberia acontecer entre las primeras 72 horas, y como máximo en  dos semanas posterior a la suplementación con el lactobacillus.

Si lo anterior, no determina la mejoria del niño con lactancia materna y/o en el que se alimenta con fórmula infantil, existen únicamente dos conductas médicas “aprobadas", las cuales deben ser lideradas y supervisadas por un profesional idóneo:
a.     Hacer una prueba terapeútica para descartar alergia alimentaria: Restringir de la alimentación del niño la proteína “entera” de leche de vaca, durante 3 semanas y evaluar si mejora la sintomatología del niño. Si el bebé está con seno materno, la mamá debe hacer una dieta restrictiva de estas proteínas, pero dicha restricción debe ser orientada por un Nutricionista para evitar sesgos en la prueba y por el riesgo nutricional que implica hacer este tipo de restricciones. Si por el contrario, el bebé se alimenta con una fórmula infantil, se cambia a una fórmula especial, hipoalergénica.
b.     Hacer la prueba terapeútica para descartar enfermedad por reflujo gastroesofágico, implementando medicamentos que disminuyen la secreción de ácido en el estómago, durante 3 semanas, y observar si el bebé mejora.
 
Las pruebas descritas no deben hacerse concomitantemente, ya que no ayudarían a confirmar o descartar una u otra causa probable del cólico. Por otro lado, solo puede sugerirlas e implementarlas el médico tratante, teniendo en cuenta la historia clínica del bebé y sus antecedentes familiares. Estas no deber ser conductas AUTOMEDICADAS porque el médico debe evaluar si es necesario realizarlas o no, dependiendo de lo que encuentre en la historia clínica del bebé.
 

1. ¿Qué es la lactosa?
La lactosa es un carbohidrato, es el azúcar natural de la leche humana y de las leches de animales como la de vaca o la de cabra.  En la terminología médica, este azúcar se denomina  “disacárido”, porque está conformado por 2 moléculas (“di”) de azúcares (glucosa y galactosa).
 
2. ¿Dónde está presente?
Como se comentó es el azúcar distintivo de la leche materna, leche de vaca y la de otros animales. Pero a su vez, se encuentra en todos los productos elaborados con leche como yogur y kumis, chocolates, helados de crema, galletas, ponkés, crepes, panes y en general, en la gran mayoría de los productos de panadería.

3. ¿Qué es la intolerancia a la lactosa?
La Intolerancia a la lactosa es una “reacción adversa a la lactosa, es decir al azúcar, de la leche” y se diferencia de otra entidad que es la “Intolerancia a la leche de vaca”, que generalmente se refiere a una alergia a las proteínas de la leche.

Es fundamental tener claridad respecto del diagnóstico, si el niño reacciona ante el azúcar de la leche o ante las proteínas de la leche, porque el tratamiento y la proyección de cada entidad es relativamente diferente.
La intolerancia a la lactosa puede definirse como una reacción adversa a la lactosa, básicamente, porque el individuo no puede digerir la lactosa dada una ausencia temporal o definitiva de la enzima intestinal que la “rompe”, llamada “LACTASA” (la enzima se denomina lactasa porque es capaz de romper la  lactosa, que es el carbohidrato).
La lactasa (enzima)  puede estar deficiente o ausente, debido a:
 
a. Ausencia Congénita, entidad poco común que se debe a un desorden genético y el problema, debuta desde el nacimiento.
 
b. Deficiencia en el desarrollo de la lactasa, que es la presencia de niveles relativamente “bajos” de la lactasa que ocurre normalmente en bebés que nacen antes de las 34 semanas de gestación (es decir, en los prematuros). Es una situación de carácter transitorio, hasta que el intestino alcanza su maduración.
 
c. Deficiencia adquirida de lactasa, que puede ser primara o secundaria.
 
La deficiencia primaria, es la disminución progresiva de los niveles de la enzima, desde el nacimiento. Este proceso ocurre en todos los seres humanos, es como un reloj biológico, que “programa” la deficiencia. También, se denomina hipolactasia del adulto. No obstante, aunque haya niveles disminuidos de lactasa, NO todos los seres humanos desarrollarán o tendrán, tarde o temprano,  intolerancia es decir, no todos los individuos tendrán sintomatología asociada con la disminución “fisiológica” de lactosa.

Alrededor del 75% de la población en el mundo tiene deficiencia primaria y los síntomas pueden iniciar entre los 3 y 5 años de edad.

La deficiencia secundaria, aparece “secundaria” o posterior a algún daño en el intestino. En pediatría, generalmente, puede acontecer después de alguna diarrea grave y principalmente, cuando es causada por rotavirus. Sin embargo, existen otras causas como Parasitosis (ascaris, giardia), alergia alimnetaria enfermedad celiaca, desnutrición, enfermedades inflamatorias del intestino (enfermedad de Chron y colitis ulcerativa), inmunodeficiencias, post radiaciones (radioterapia) .
 
4. ¿Cuáles son los síntomas característicos o relacionados con la intolerancia a la lactosa en los niños?
El paciente puede presentar: gases, dolor abdominal tipo cólico, náuseas, distensión abdominal, diarrea (explosiva, olor ácido), irritación de la colita (eritema perianal) y a veces, anorexia o disminución del apetito, ya que el niño prefiere no comer para evitar síntomas. Característicamente,  ante la ingesta de cualquier alimento,  de inmediato,  el niño tiene cólico, llanto, distensión y diarrea.
 
Si la sintomatología no se controla de forma rápida, ante la presencia del “agente agresor” (la lactosa),  el intestino continúa dañándose y el cuadro puede complicarse con malabsorción para otros nutrientes y desnutrición secundaria.
 
5. ¿A qué edad pueden presentarse los síntomas?
La edad de presentación de los síntomas depende del tipo de intolerancia. Si la intolerancia es congénita, acontece desde el mismo momento del nacimiento,  si es de tipo primaria, puede ocurrir entre los 3 y los 5 años de edad, si es secundaria, puede debutar a cualquier edad y depende del momento en que acontece el daño del intestino que conlleva a la deficiencia de lactasa.

6. ¿Cuál es el abordaje terapéutico de la intolerancia a la lactosa?
El tratamiento único y por excelencia consiste en la “exclusión” de la lactosa de la alimentación.
 
a. Los bebés menores de 6 meses de edad que se estén alimentado con leche materna, DEBEN CONTINUAR con EL SENO MATERNO.
En este punto se desea enfatizar que un error frecuente es que la madre,   por propia iniciativa o por indicación, se somete a una dieta que excluye leche y derivados, pensando que la lactosa que come la mamá en su dieta “pasa” al niño a través de la leche y por ende,  al evitar estos alimentos, el niño mejorará la intolerancia a la lactosa. Este concepto es FALSO. La lactosa presente en la leche de la mamá, es resultado de la producción en el mismo seno materno (lo que se denomina “producción endógena”)  y no depende de la “ingesta” en la alimentación. El quitar estos alimentos de la dieta de la mamá, solo colaborará con la desnutrición materna y no con la mejoría en los síntomas del bebé.  Caso contrario, si el diagnóstico en el niño es “alergia a la proteína de leche de vaca”, resulta imprescindible quitar este tipo de alimentos de la dieta de la mamá.
 
b. Los bebés menores de 6 meses de edad que se estén alimentando   con fórmula infantil, SE DEBE CAMBIAR LA FORMULA INFANTIL A UNA FOMRULA INFANTIL SIN LACTOSA. Esta fórmula, le aportará todos los nutrientes necesarios para promover su crecimiento y desarrollo, pero sin ocasionarle molestias porque es libre de lactosa.
 
c. Si el bebé ya inició los alimentos complementarios o ya come prácticamente de todos los alimentos de la mesa familiar, ES IMPORTANTE QUE los padres reciban una orientación por parte de un nutricionista y que cumplan a cabalidad las recomendaciones, que básicamente consisten en eliminar fuentes “visibles o evidentes” de la lactosa (leche, yogur, kumis), así como fuentes “ocultas” de lactosa, como pueden ser por ejemplo, carnes frías (jamón, salchichas), en cuyo proceso de elaboración agregan leche al producto.

7. ¿Para estas situaciones, puede implementarse la leche de vaca que se vende en el mercado con la etiqueta de “deslactosada”?
Si el niño tiene menos de 12 meses de edad, o incluso, hasta los 2 años de edad, lo ideal y lo mandatorio es implementar una fórmula infantil libre de lactosa.

Para niños mayorcitos, puede intentarse observar la respuesta con este tipo de leches, sin embargo, cabe tener en cuenta que esas leche de bolsa o caja, no son 100% libres de lactosa y es factible que no coadyuven a solucionar completamente el problema del niño.
 
Por otro lado, en este punto es importante aclarar que no es recomendable que una persona normal (es decir, sin intolerancia) tome por propia iniciativa y de forma rutinaria leche deslactosada, porque precisamente, aumenta la susceptibilidad de debutar con síntomas ante otros alimentos o productos elaborados con leche con toda su lactosa.
 
8. ¿Un niño intolerante a la lactosa, lo seguirá siendo en la edad adulta?
Si la intolerancia es congénita, es una patología con la que el niño tendrá que convivir durante toda su vida, desde el nacimiento.  En el caso de que la intolerancia sea primaria, puede aparecer en la edad preescolar y perpetuarse para el resto de su vida.

Cuando la intolerancia es secundaria, suele resolverse (mejora) en un plazo de 2 a 8 semanas posterior a instaurado el tratamiento  estricto (alimentación sin lactosa).
La deficiencia en el desarrollo de lactasa, típica del prematuro, se mejora cuando el bebé alcanza alrededor de 40 semanas de gestación (corrigiendo su edad). Es decir, si el niño nace con 35 semanas, se mejorará su “intolerancia” cuando tenga 1 mes y una semana de haber nacido (se suman 5 semanas a la edad gestacional con la que nació, para alcanzar la meta de 40 semanas, edad que se considera normal o a “término” para una gestación).

1. Después del primer año de vida... el apetito del niño... se convierte en un problema diario. ¿Mito o realidad?

Posterior al primer año de vida, la velocidad de crecimiento decrece, por lo que disminuye uno de los principales condicionantes de la tasa metabólica basal (calorías necesarias para el mantenimiento) tal como son las calorías destinadas al crecimiento. Esta, es una de las razones fundamentales que conllevan a disminuir el hambre en el niño.

Algunos hallazgos han demostrado que puede ser solo una “percepción” de los padres, quienes desearían que el niño coma porciones más abundantes y mayor variedad de alimentos. En un alto porcentaje de los casos, los niños comen lo suficiente para mantenerse porque cuando se evalúan en la consulta no se encuentra compromiso del crecimiento.

Sin embargo, en ocasiones el apetito puede estar “verdaderamente” condicionado cuando hay gripa, diarrea, o enfermedades típicas de la niñez como son paperas, sarampión, varicela, o cuando el niño tiene estreñimiento. En estos casos,  la entidad de base es la que “condiciona” ese desgano para comer.

2. ¿Qué obstáculos pueden subordinar la alimentación?

La necesidad de independencia y de auto-manejo, la autosuficiencia así como el posicionamiento del niño dentro de su entorno, son parte del proceso de desarrollo de su personalidad y “condicionantes” negativos del hambre. Hacia los 12-15 meses, el niño ha advertido que negándose a comer o a recibir ciertos alimentos, comer a un ritmo muy lento, casi uniendo el tiempo de una comida con el de otra,  “maneja” a la familia.

El juego es otro “detractor” y el tiempo dedicado a la alimentación, significa tiempo perdido para jugar, una actividad que le resulta más satisfactoria.

3. ¿Qué otros aspectos pueden influenciar negativamente el consumo de alimentos saludables o la ingesta durante comidas principales?

En esta etapa es muy común que los niños consuman entre-horas alternativas que son de su agrado como jugos, galletas, gelatina y “salten” las comidas principales.

En varios estudios se ha comprobado que “prefieren” los líquidos a los alimentos sólidos. Los líquidos ocupan su pequeña capacidad gástrica y “condicionan” la ingesta de nutrientes necesarios para el crecimiento como son proteínas, vitaminas y minerales.

Según algunas investigaciones, al restringir los líquidos, prueban y aceptan otros alimentos, porque queda “espacio” para los sólidos y aparecen contracciones de “hambre”, ausentes cuando hay excesivo consumo de líquidos.

4. Preferencias

Los niños nacen con una inclinación hacia los sabores dulces, por tanto, desde el mismo momento en que se inicia la alimentación complementaria, cabe trabajar para desarrollar la “tolerancia” a otros sabores.

Las preferencias están prácticamente definidas hacia los 15 - 18 meses de edad,  de ahí la importancia de ofrecer una amplia variedad de alimentos, diferentes sabores, texturas, consistencias y colores, cuando comienza la alimentación diferente a la leche materna y/o fórmula, para promover un consumo heterogéneo.

5. Las preferencias o aversiones de los miembros de la familia, condicionan las preferencias en el niño?

Las preferencias y aversiones están ampliamente influenciadas por las preferencias de los papás y hermanos, así como de los pares con los que comparten. Esta afirmación tiene gran sentido si pensamos que en la casa se preparan, predominantemente, los alimentos de mayor agrado de la familia, actividad liderada por la mamá.

6. ¿Cómo hacer para que el niño acepte nuevos sabores, texturas, olores…alimentos diferentes?

Está comprobado que la exposición repetida a un alimento (por lo menos 10 a 15 veces), en diversas preparaciones, presentaciones y combinaciones, define la aceptación del mismo, en un amplio porcentaje de los casos. Una estrategia puede ser, combinar alimentos que le gustan y son de su agrado, con los nuevos alimentos o con aquellos que a él no le agradan.

7. Algunas estrategias para “mejorar” el hambre en el niño

  • Limitar el consumo de líquidos como jugos, aguapanela, otras bebidas azucaradas (máximo 4-6 onzas al día).
  • Brindar agua, posterior a comidas principales y refrigerios, un mínimo de 2-3 onzas por vez.
  • Limitar el consumo de leche, yogur, kumis, a dos o tres vasos en el día (alrededor de 500 ml) para cubrir un buen porcentaje de las necesidades de calcio, proteínas de alto valor biológico y otras vitaminas y minerales, sin restringir el “espacio” para que coman otros alimentos que necesitan.
  • Brindar las comidas a horario, fraccionadas y en pequeñas porciones
  • Ofrecer y promover el consumo variado de alimentos, haciendo disponibles alimentos de todos los grupos en comidas principales y/o refrigerios.
  • Si el niño no come en los tiempos y espacios definidos para hacerlo (desayuno, almuerzo, comida), no ofrecerle otro tipo de alimentos o refrigerios de su preferencia, como yogur, leche o jugos, por el afán de que el niño “coma algo”.
  • Las amenazas, los premios, juegos y distracciones como televisión a la hora de comer perpetúan el comportamiento caprichoso e intensifican el rechazo por algunos alimentos.

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1. Cuándo y cuánto demanda la conformación de los huesos y la adecuada mineralización ósea?

La formación ósea inicia desde el mismo momento de la gestación y, posterior al nacimiento se prolonga a lo largo de las DOS PRIMERAS DÉCADAS DE LA VIDA (20 primeros años!).

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El sobrepeso y la obesidad en la edad pediátrica constituyen una condición creciente que a la vez, se asocia con un incremento en el riesgo de múltiples problemas de salud. Por tal motivo, la prevención desde la primera infancia es una necesidad sentida.

En Colombia, al igual que en la mayoría de los países latinos, conviven la desnutrición global (DNT) que es del 7% en los menores de 4 años edad y en el 5,4% el grupo de 5 a 9 años edad (Según los datos ENSIN 2005), y datos más recientes del 2010, muestran que ha disminuido a 3.4% en los menores de 5 años… Y al tiempo, se empondera progresivamente el sobrepeso en 3,1% de los menores de 4 años edad, 4,3% de los de 5 a 9 años de edad, y 10,3%, prepúberes y jóvenes de 10 – 17 años (Datos ENSIN 2005).

Se han descrito varios factores predisponentes para el desarrollo de esta entidad, pero en términos alimentarios podrían mencionarse: hábitos de alimentación incorrectos, escasa disponibilidad de alimentos especialmente ricos en vitaminas, minerales, fibra (como vegetales y frutas), que a la vez, los hace más susceptibles a consumir alimentos altamente energéticos, tamaño de las porciones, predominio de comidas por fuera de la casa, abundante consumo de bebidas endulzadas como jugos, aguapanela, gaseosas, entre otras. Y a ello se suma la falta de actividad física habitual, constituyendo estilos de vida poco saludables.

El ser humano requiere de una alimentación balanceada, lo cual implica que deben incluirse alimentos de varios grupos (lácteos, carnes, vegetales, frutas, leguminosas, cereales, grasas, agua), que colaboran con la cobertura de nutrientes como carbohidratos, proteínas, grasas, fibra, vitaminas y minerales,  ya que cada uno de ellos desempeña una función fundamental dentro del organismo.

 “Comer bien no significa comer mucho, sino comer en cantidad y calidad necesarias para cubrir los requerimientos.

En los primeros meses de vida, la alimentación balanceada implica un único alimento: la leche materna, cuyo único sustituto aceptable cuando no se pueda lactar, son las fórmulas infantiles. Luego, a partir de los 6 meses de edad, deben incorporarse progresivamente otros alimentos hasta alcanzar lo que se denomina la “alimentación modificada del adulto”.

La alimentación complementaria, es fundamental para:

1. Cubrir nutrientes que empiezan a ser deficientes con la alimentación láctea
2. Progresar en términos de variedad de alimentos y texturas
3. Promover la formación de hábitos de alimentación saludables

Los hábitos de alimentación implementados desde el primer año de vida, perdurarán a través del tiempo con el fin de “construir” seres humanos más saludables, menos susceptibles a enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes mellitus 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, o síndrome metabólico, hepatopatía grasa no alcohólica (hígado graso), litiasis biliar (cálculos en la vesícula), alteraciones esqueléticas (artrosis de rodilla, cadera y columna lumbar), afectación de la función pulmonar (apnea del sueño), síndrome de ovario poliquístico y tromboflebitis, entre otras.

Por tanto, en términos de prevención de obesidad y de promoción de un estilo de vida saludable, es importante:

Establecer y respetar con horarios de alimentación: 3 comidas principales y 1- 2 refrigerios.
Brindar porciones acorde con la edad del niño, sin pretender que consuma el tamaño que consume un adulto

Promover el autoconsumo
Respetar la saciedad del bebé
Limitar el consumo de alimentos altamente calóricos y/o con alto contenido de azúcar o grasa, pero con baja densidad de nutrientes (vitaminas, minerales, fibra): galletas, dulces, bombones, chicles, paquetes, leche condensada, tortas, postrecitos, hamburguesas, salchichas y otras carnes frías, etc.
Priorizar alimentos con alta densidad de nutrientes y fibra y baja densidad calórica como: vegetales, frutas y leguminosas
Incluir cereales integrales o con fibra añadida
Incluir agua, como bebida esencial
Evitar las preparaciones fritas

Además, es recomendable que en el plato se incluyan alimentos variados, siendo un mito la restricción extrema de carbohidratos y harinas. Los carbohidratos deben cubrir aproximadamente entre el 45 y 65% del valor energético total consumido.

Por otro lado, deben incluirse grasas saludables, de origen vegetal (omega 3, omega 6 y omega 9) y marino (omega 3), en porciones acorde con la edad, con la misión de apoyar el crecimiento saludable y la respuesta inmune.

Por último y sin lugar a dudas, otro pilar básico es la actividad física. La Academia Americana de Pediatría recomienda 1 hora diaria de actividad física, así como la restricción de actividades sedentarias tales como mirar TV. Idealmente, según la Academia, los menores de 2 años no deberían mirar TV y los niños mayores de 2 años deberían limitar ese tipo de actividades a un máximo de 2 horas al día.

La Fibrosis Quística (FQ) afecta el tracto gastrointestinal, respiratorio, glándulas sudoríparas y aparato reproductor. Además, las manifestaciones clínicas son variadas y variables de acuerdo a la edad del diagnóstico.
 
Como antecedente es fundamental indagar respecto a la historia familiar, si ha habido nacidos fallecidos o niños vivos con características similares a las que se describirán a continuación. Acorde a la edad, las manifestaciones clínicas más típicas que pueden sugerir el diagnóstico y que requieren la solicitud de iontoforesis son:
 
1. Niños menores de 24 meses:
 
Recién nacido con antecedente de Ileo meconial, ictericia obstructiva, deshidratación sin causa aparente, hiponatremia, hipoproteinemia, anemia, diátesis hemorrágica, desnutrición, esteatorrea, neumopatía crónica y prolapso rectal.
 
2. Niños de 24 meses hasta 12 años: neumopatía crónica, tos persistente, dificultad respiratoria, deshidratación hipotónica, alcalosis metabólica, diarrea crónica, malabsorción, reflujo gastroesofágico, pólipos nasales, invaginación, vólvulos, enfermedad hepática de causa desconocida, hipocratismo digital, enlentecimiento del crecimiento, talla baja. desnutrición, y empuje puberal tardío.
 
3. Niños mayores de 12 años: neumopatía crónica, hallazgo de Pseudomona aeruginosa en el esputo, bronquiectasias, hipocratismo digital, hipertensión pulmonar, intolerancia a la glucosa, diabetes, diarrea crónica, obstrucción intestinal distal, pancreatitis recurrente, hepatomegalia, cirrosis biliar primaria, colelitiasis, aspermia, infertilidad, desnutrición, bajo peso, talla baja y retardo del empuje puberal.
 
Un gran porcentaje (48%) de los niños y niñas atendidos en GASTRONUTRIPED iniciaron su enfermedad de Fibrosis Quística con síntomas del sistema digestivo en sus primeros 2 años de vida. El pronóstico y la sobrevida de los pacientes están relacionados con el diagnóstico temprano, el tratamiento oportuno y específico implementado por grupos con experiencia en Fibrosis Quística y el cumplimiento del tratamiento por parte del paciente y la familia.
 
 La Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (GASTRONUTRIPED) cuenta con el recurso humano y la experiencia clínica nacional e internacional para orientar a los padres de familia que tienen hijos con sospecha de esta enfermedad y ofrecerles el tratamiento gastroenterológico y nutricional con los últimos avances.
 
 El diagnóstico definitivo se efectúa mediante la determinación de electrolitos en sudor (iontoforesis) que debe realizar una persona con entrenamiento en esta técnica.
 
Para mayor información comuníquese con GASTRONUTRIPED (Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) con la Trabajadora Social Martha Yolanda Tamayo al teléfono 6123895 o al celular 315-2392542.