Comité Editorial GNP

Niños pálidos, decaídos, irritables, con poco apetito, dormilones o con trastornos en el sueño, distraídos, con poco ímpetu para aprender, más susceptibles a enfermarse, tener gripitas, diarreas…y a veces, hasta con dificultad para crecer. Ante estos síntomas y signos, es probable que el médico indique algunos exámenes de laboratorio y con los resultados su veredicto sea: su niño tiene bajos los depósitos de hierro o peor aún…su niño tiene anemia por deficiencia de hierro.

Alrededor de los 4 a los 6 meses de vida del bebé, se van agotando las reservas corporales de hierro y aumenta la probabilidad de se instalen progresivamente algunos de los síntomas que se describieron anteriormente….Relato bastante común de muchas mamás que llegan a consultar al pediatra.

El hierro es un mineral provisto por la mamá, durante el embarazo y a través de la leche materna. Cuando la lactancia materna no es factible, la cobertura dependerá de fórmulas infantiles enriquecidas con el mismo. Posteriormente, la alimentación diferente o complementaria se empondera como el gran proveedor, estando a la cabeza las carnes y los cereales infantiles enriquecidos con hierro.

El hierro participa y lidera diferentes actividades en el organismo, claves para el crecimiento, respuesta inmune y el desarrollo del niño. De manera particular, es uno de los factores condicionantes de la formación y el desarrollo del sistema nervioso, las neuronas y su conexión entre ellas, así como de la conexión entre ellas y el sistema muscular. Por lo anterior, el aprendizaje y el desarrollo motor de los niños/as, entre otras, dependen de la disponibilidad de hierro.

Si en los primeros años de vida, incluso hasta los 4-6 años de edad, no hay suficiente hierro, la visión y la audición, el desarrollo del lenguaje y el desarrollo psicomotor, las funciones cognitivas superiores, entre otras, se verán seriamente afectadas, más aún cuanto más precoz se instale la deficiencia y no se subsane.

Con un adecuado tratamiento el niño superará la situación de deficiencia, pero la ausencia de conexiones que no se instalaron en el momento preciso, dará lugar a lagunas o huecos en las áreas mencionadas que menoscabarán el potencial que el niño tenía. Es decir, se superará la situación inicial de deficiencia o anemia propiamente dicha, pero no se subsanará completamente el área o el aspecto afectado.

De ahí la importancia de una nutrición materna y del niño/adecuada, en estos períodos esenciales para el desarrollo del sistema nervioso. Colombia vive una situación particular al respecto, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSIN), en el 2005 en el país el 47.9% de los niños menores de 4 años tenía deficiencia en los depósitos de hierro (dado por valores de ferritina inferiores a 24.0 ug/l) y el 33.2% presentaba franca anemia, valores que ascendían ostensiblemente cuando se circunscribían al grupo entre 1 y 2 años de edad, 64.1% y 53.2%, para deficiencia y anemia respectivamente. Según las nuevas cifras para el 2010, la ENSIN muestra que la prevalencia de anemia en los menores de 5 años está en 27.5%.